Cuando…

Marcela Alfaro | Publicado el 30 de septiembre de 2020

Mgter Marcela. A. Alfaro

“‘Lo cotidiano se volvió extraño, no sé cómo seguir… siento que no puedo proyectarme, planear… Me cuesta ser, en cuanto no puedo controlar lo que va pasando, todo cambia y no puedo acomodarme. Todo de repente'”. (Fragmento de discurso de un joven adulto de 35 años, 03/07/20)

En estos tiempos de pandemia, somos testigos de un momento en que lo inesperado se vuelve espectral y presente. Momentos en que la certidumbre flaquea, en que lo que era deja de ser. Lo que se observa en estos meses, ocho, desde Marzo en Argentina, es un cúmulo de cambios que generan momentos insospechados en que lo familiar se vuelve extraño, distante, inasible.

Acostumbrados a proyectar, planear, nos vemos de cara ante la fragilidad de lo conocido y a la vez desconocido. Son variadas las respuestas tal como somos particulares los sujetos. La pandemia atraviesa a las sociedades del planeta casi como una ráfaga de viento en un desierto. Nada de lo que creíamos seguro existe. Ni tu servicio de salud, ni la forma de abordar un problema, ni tu estar en el mundo. Es que de pronto se conjuga tu existencia a la existencia de un mundo. De pronto, te atraviesa el mundo. Adecuarse no es seguro.

Nada hace en este momento que aliente la seguridad subjetiva, al contrario nos pone de cara a la posibilidad de lo incierto como una categoría a considerar en cuanto a lo existente y lo que no. Lo posible y lo imposible de una manera cruda y real.

De pronto vamos adelante, abriendo; luego a cerrar, luego abrimos y en un intercambio imposible de prever vamos sobreviviendo y, viviendo. Aprendiendo a hacer cuando lo más precioso es estar sanos.

Sin cuerpo no hay derechos.

Primero es la vida que necesita un organismo, un organismo viable, luego, un cuerpo sujeto al cuidado de manos que están allí desde antes de nacer para que sea querido y esperado, para su prosperidad en la vida. Los otros derechos para que esa vida sea habitable, vivible, digna vienen por el contacto social y las instituciones que lo cobijan.

Sin organismo no hay cuerpo, sin cuerpo no somos sujetos sociales. Cuando mueres no tienes derechos. Pasan a los que te sobreviven. Por ello nada más apreciable que hacer que una criatura humana prospere, es entre los animales, el más vulnerable, necesita muchos años de asistencia de esa red de manos que lo hacen más fuertes para sobrevivir y defenderse en comparación con otras especies.

Ser humano es saber que la fragilidad es parte de ello, es también tener en cuenta que lo humano cuenta con otra cara que es la resistencia. Por ello, ante lo incierto y la caída de los mitos de los proteccionismos, del control de todas las variables, muchas veces de manera individual como sujetos nos vemos atravesados por reveses de lo que viene contingente, fortuito, insospechado, sorpresivo. Es por ello necesario buscar opciones, nuevas formas, aun ante lo informe, lo inconforme, lo disforme, hasta tanto se logre el equilibrio. Resistir es la cuestión. ¿ Cómo? como se pueda, pero resistir. Nada es eterno. Es crear aun en el cubículo de mi casa, en el espacio pequeño de mi almohada, una idea que genere una acción posterior o al contrario; una acción que genere ideas. Es seguir apostando a la vida a pesar de las inclemencias.

Hoy la pandemia nos atraviesa, es cierto. Es tiempo, a la vez de pensar como nosotros, como sujetos, podemos atravesar a la pandemia.

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