El riesgo de la sociedad moderna

Marcela Alfaro | Publicado el 2 de junio de 2020

Mgter.  Marcela Alfaro

La vida cotidiana presenta innumerables fuentes de riesgos ya sea por elección, desatención, olvido o negligencias. En cada acto se corren riesgos y al exponerse, el sujeto, no sólo puede hacer peligrar su integridad física, sino también su integridad subjetiva.

En la asunción del riesgo se encuentra la capacidad para la vida en cuanto nada nos es dado de antemano. Vivir ya es el riesgo, por ende ineludible, en cuanto es propio de la existencia como sujeto. Ir creciendo, transitando, tomando decisiones, inventar, crear, cambiar de acuerdo a las situaciones y momentos de nuestra vida presenta riesgos.

Incontables precauciones sociales o personales ayudan a limitar la vulnerabilidad propia del cuerpo humano. Muchos motivos pueden hacernos olvidar la prudencia y la vuelven vana: la fatiga, la indiferencia, la despreocupación, el error, la ignorancia del peligro.

El conocimiento intuitivo de los riesgos, la atención a esta fuente de peligros o amenazas pueden ayudar a prevenir. Pero este tejido de precauciones integradas en los hábitos de la vida, se adosa permanentemente a riesgos potenciales ajenos al accionar o prevención: un mal conductor, un huracán, una explosión, un infarto, un contagio con HIV, actualmente la pandemia de Coronavid19. Toda acción puede constituirse en un riesgo cuyo resultado puede ser negativo. 

La libertad de elegir confronta con la posibilidad de perder, toda elección es una apuesta, y un desafío. Los riesgos que asume un sujeto también es una medida de su responsabilidad hacia los “otros” debido a que los actos de uno pueden afectar a los demás, ocasionando un aumento de los riesgos para el resto de una trama social, por ejemplo en el tránsito vial o evitar contagios.

En las sociedades actuales, la organización social y cultural aspira a la erradicación de cualquier peligro. En la vida cotidiana se crean códigos de conducta que implican disuadir a los miembros al uso de la violencia, a seguir las reglas al permitir prever la conducta de unos y los otros. En salud pública campañas de salud en todas sus áreas,  prestan servicio para aquél que se vuelve peligroso para sí mismo o para los otros. Los dispositivos de seguridad están dispuestos para evitar los peligros, para a disminuir la precariedad de la existencia humana y proteger a los ciudadanos en diferentes espacios de la vida colectiva. Lo histórico-social es el conjunto de significaciones que otorgan la unidad y el modo de ser característico de cada sociedad. Es lo que permite hablar de una sociedad específica, que proporciona las condiciones de lo representable y lo factible, por medio de lo cual los individuos perciben y actúan. La sociedad no puede existir sin desplegarse en el tiempo en su doble dimensión diacrónica y sincrónica.

La globalización crea sociedades desiguales en condiciones de existencia pero comparten los mismos riesgos, por lo cual muchos peligros son comunes sin conocer ni fronteras o clases sociales. La percepción del riesgo implica una fuerte connotación afectiva y la retransmisión de un discurso social y cultural. Construida por un discurso de época, con características de ficción política que producen medidas sanitarias, jurídicas, cívicas. En estos marcos se trata de eliminar las contingencias y el azar, resaltando lo que cada sociedad percibe como riesgo. Los diferentes niveles de riesgo difieren según los grupos sociales, su localización, su visibilización. Cuando se enmarca algunos al ser visibles, se invisibiliza a otros que no quedan dentro del  foco de los que deben evaluar y gestionar.

 Lejos de todo tipo de cálculo, de la ficción tranquilizadora en la vida real, los individuos toman decisiones para sus conductas en relación a otros factores que intervienen como por ejemplo el placer obtenido para cumplir o no las reglas, la presencia de otros en ese momento de elegir, la ambivalencia frente a las normas o su búsqueda de transgresión. En este sentido, la evaluación del riesgo es una ficción tranquilizadora pero está lejos de las sensibilidades colectivas.

¿Qué  mecanismos se ponen en juego en aquéllos sujetos que corren peligros al perseverar en ciertas conductas o acciones? ¿Que implica ese modo de desafío o esa repetición de conductas que tienden a tocar  los límites? Interrogantes que llevan a más preguntas. No creo que se trate de ceguera, indiferencia o irracionalidad,  ¿tal vez es una búsqueda de significación propia?. Muchas veces, los sujetos al exponerse a riesgos ponen en tensión el límite entre la vida y la muerte, sea una conducta sexual desaprensiva, exponerse a situaciones de violencia o  al practicar deportes riesgosos. ¿Qué es lo que hace deseable ese desafío? ¿Será una forma de hacer surgir algo propio y singular?

Preguntas ante realidades que no condicen con las prácticas de seguridad y cuidados de las sociedades modernas que tienden a eliminar el azar, lo contingente, lo no controlable. Seguramente serán respuestas de cada uno, caso por caso, que se irán narrando a medida que se avance en la interrogación de nuestros actos, al ir armando el sentido de aquello qué llamativamente nos lleva a vivir al palo, a cortar clavos, a desafiar el límite.

Para reflexionar.

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